Hoy es uno de esos días en que me sale todo bien: los semáforos se alían para cambiar a verde cuando llego a su altura, la fila de coches en la que me sitúo en el atasco matutino va más deprisa que la de al lado, y para colmo, en mi serie de paseos por Madrid, me toca visitar el Salón Gourmet. Parece mentira, esta es ya la edición nº 34 y no he ido a ninguna de las anteriores, con lo que me gusta comer 😋.
Pero sí que asistí hace años a otras ferias, como el SIMO, FITUR, ARCO o EXPOOCIO, celebradas todas en el mismo lugar que el Salón Gourmet: el reciento ferial de Madrid, o IFEMA para acortar. Situado al nordeste de la capital, este emplazamiento creado en 1979, alberga multitud de ferias y congresos profesionales, y últimamente también otros eventos, como conciertos y espectáculos familiares. Habrá que ir a verlos 😉
Paseando por un museo al aire libre
Como quiera que llego con antelación debido a mi inusual suerte en el atasco, decido aparcar en el Parque Juan Carlos I, aledaño al IFEMA, e ir a la entrada del Salón dando un paseo por sus jardines. Tengo que tener cuidado en conocer la salida que debo de coger y no despistarme, puesto que este parque es de todo menos pequeño; de hecho, era el segundo parque mas grande de la capital, por delante incluso del conocidísimo Retiro, hasta que en el 2015 se inauguró el parque forestal Felipe VI, momento en el que bajó a la tercera posición de ese particular ranking.
El camino que decido tomar hacia la salida más cercana al IFEMA forma parte de la denominada ”Senda de las Esculturas”, compuesta por 19 macro esculturas abstractas al aire libre, y realizadas por otros tantos artistas. Mi paseo me lleva cerca de dos de ellas, siendo la que se encuentra dentro de una especia de naranjal la que más me llama la atención.
La "Monoloma", impertérrita ante la extrañeza que genera
Si su forma es extraña, aun más lo es el título que le dio su autor: ”Monolona Opus 397” … ahí queda eso. Mientras le doy vueltas a la cabeza a qué puede representar la escultura, y si de veras existe algo con el nombre de monolona en algún idioma, salgo del parque y me encamino al vestíbulo de registro de visitantes, desde donde ya se perciben olores que no concuerdan con los que recuerdo de otras ferias a las que he asistido.
Disfrutando del concepto "gourmet"
Una vez dentro, me doy cuenta de la magnitud del Salón: ocupa 3 naves enteras del parque ferial, lo que supone 45.000 metros cuadrados (lo que vienen siendo 6 campos de futbol según el sistema métrico campofutbolero) o, como diría mi hija, ”es mazo grande”. Al no haber estado nunca en un evento de este tipo, mis expectativas no son muy altas, pero a riesgo de hacer un spoiler, puedo confesar que no me ha defraudado en absoluto. Como no quiero perderme nada y visitar todos los expositores, sigo la estrategia que utilizo en estas ferias: localizo la ”calle” del extremo izquierdo de la primera nave y la recorro en su totalidad, pasando luego a hacer lo mismo en la calle de la derecha, pero en sentido contrario, y así hasta el final de la nave para pasar luego a la siguiente.
Cuando me decían que el jamón se tenia que secar, no me lo imaginaba asi |
Esta técnica, conjugada con la política de ”lo que me ofrezcan, lo cojo”, me da como resultado el siguiente menú en la primera media hora:
CROQUETA - CROQUETA - CERVEZA - JAMON IBERICO - TARTA DE QUESO CON CHOCOLATE BLANCO - VERMOUTH - TAPA DE SABOR INDESCIFRABLE
pasando luego al Túnel del Vino, o como denomina acertadamente un compañero, el ”Túnel del tiempo”, habida cuenta de que después de probar tantos buenos y variados caldos, es normal que se pierda toda noción de la hora en que se consigue salir del mismo.
A esas alturas, ya soy consciente (y mi estómago empieza también a serlo) de que esa mezcla de alimentos, por muy buenos que sean - que lo son - van a pasarme factura más pronto que tarde, por lo que tomo la decisión de centrarme en conocer - y degustar si es posible - sólo aquello que sea original/curioso/”vaya, esto nunca me lo hubiera imaginado”. Dos horas después, y parafraseando el monólogo final de Blade Runner, puedo decir que he visto cosas que vosotros no creeríais. ”Chupachups” de mango, tomate y avellanas o de foie con chocolate, evolución ”delicatessen” de los clásicos melón con jamón o pizza hawaiana. Ketchup con ginebra para evitar tener que decidir si seguir comiendo hamburguesa o pasar al gin tonic. Chuletones de 5 Kg que hacen pensar si no hay alguna ganadería que tenga un pequeño Jurassic Park escondido. Decenas de personas haciendo cola para obtener un vaso de caldo envasado como si fuese el soma de ”Un mundo feliz”. Ensaimadas gigantes ”intocables”, tartar de cigala, bitter de sidra y crujientes de piel de bacalao completan la lista de mis descubrimientos.
Estos chupa-chups "delicatessen" no se chupan, se toman de un solo bocado |
Antes de irme aprovecho para darme una vuelta por la semifinal del campeonato de España de sumilleres, entrar en el túnel del queso y asistir a un ”burger combat” en el que sale triunfante como mejor hamburguesa gourmet de España…. una hamburguesa madrileña 👏
El "Got Talent" de los sumillers |
Ya terminada mi ”gira”, mientras me dirijo a la salida e intento fijar en mi memoria todo lo que he visto, olido y probado, no puedo evitar pensar en lo chocante que es ver casi lleno el área de restauración fast food del IFEMA mientras a pocos metros se puede disfrutar de tal variedad y calidad de alimentos. En lo que a mí respecta, intentaré volver al año que viene, a ver si puedo cumplir el resto de finalizar el Túnel del Vino.
Hmmmm, ¿podría comérmela sin tener que tocarla? |
Recorrido de la visita de hoy |
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